Santos Patronos

Santa María Magdalena

Mujer judía, nacida probablemente en Magdala.  Luego de una vida disipada y envuelta en pecados, un día se deja cuestionar por Jesucristo.  Le escucha con el corazón abierto y se deja atraer por la Verdad.

Aquel que nos amó primero le volvió a conceder un corazón puro, le devolvió el corazón de princesa.  Ella se enamoró de Jesucristo y lo siguió.  Él se hizo para ella: vida, luz, esperanza, alegría, sentido, paz, llenura.  Jesucristo lo fue todo para ella.  Lloró a mares la muerte del Amado.  Lloró al no encontrar el Santo Cuerpo.  Se jugó la vida por el Amado, fue la primera que le anunció resucitado, Apóstol de los Apóstoles. Hoy la Iglesia le venera como Santa María Magdalena, la enamorada.

Francesa de nacimiento. Su casa paterna le proveyó de una sólida formación en la fe.  Aquel que nos amó primero, la preservó del daño del mundo y del pecado.  Siendo muy niña ya lo tuvo claro: sería monja de claustro.  A los quince años pide ingresar al Monasterio, lo consigue después.  Ya en comunidad, descubre un camino nuevo: el de ofrecerse al Amor Misericordioso y vivir la Infancia de espíritu.   Ante las excesivas y ásperas penitencias en boga, ella redescubre la eficacia de la sencillez, de la sonrisa y del sacrificio escondido y silencioso por amor a Jesucristo.  Vive dándose sin medida en la caridad fraterna, en la abnegación de sí misma, en el fervoroso servicio de Dios.  Muere joven, a los veinticuatro años, luego de una vida llena de donación y olvido de sí misma.  Ella buscó la verdad y la encontró.  Su vida escondida en un claustro se hizo luminosa para todo el mundo.  Hoy la Iglesia la venera como Santa Teresita del Niño Jesús, la sin medida.

Nació en Polonia.  Provenía de una familia extremadamente pobre.  Apenas pudo hacer un año y medio de estudios escolares.  Sus padres se oponen tenazmente a que ella sea monja.  Decide olvidar su vocación y se mete en las mundanidades.  Aquel que nos amó primero se le aparece cubierto de llagas y le dice: “¿Hasta cuándo me harás sufrir?”.  Entra en un convento.  Allí Jesucristo le hace Secretaria de Su Corazón, confidente de Sus más grandes secretos.  Aquel que nos amó primero le revela Su misericordia y le confía una misión: ser Apóstol de Su Divina Misericordia.  Ella decide corresponder al amor y la confianza que Jesucristo le ha demostrado.  Se juega la vida aún en medio de incomprensiones y malentendidos. Jesucristo convierte su limitación en grandez y su pequeñez en sabiduría.  Hoy la Iglesia la venera como Santa Faustina Kowalska, la confidente.

Nació en Francia. Se dejó fogonear por Aquel que nos amó primero.  No se rindió ante la oposición de su padre para hacerse monje.  Observó con atención y asombro cómo unos monjes eligieron pasar hambre al dar sus alimentos y provisiones a los pobres durante un tiempo de sequía y hambruna que asoló una parte de Francia.  Comprendió que había una caballerosidad más noble: la de darlo todo por Jesucristo y ser caballero suyo.  Se hizo monje.  Pero no le bastó vestir la cogulla, quiso vivir la regla monástica en su más genuina radicalidad.  No sólo no le entendieron, se le opusieron y le combatieron.  Pero jamás dejó de ser un rebelde ante el ambiente generalizado de tibieza y mediocridad que se había instalado en los monasterios de su tiempo.  Casi en el ocaso de su vida logra ver realizado su ideal: pudo vivir la regla monástica radicalmente y su sueño no sólo se hizo realidad, se hizo camino de santidad para muchos, y transformó Europa.  Hoy la Iglesia le venera como San Roberto de Molesme, el rebelde.

  • Nació en España. Simpático, estudioso, alegre, buen dibujante, bailarín, poeta, amiguero, buen conversador, culto y elegante, así era Rafael.  Desde niño sintió una gran atracción por Aquel que nos amó primero.  Conservó para Él un tiempo cotidiano de oración.  Lo tuvo todo en la vida: buena familia, amigos buenos, muchas comodidades, el cariño y la consideración de todos.  Sin embargo, entendió que Jesucristo le quería exclusivamente para Él.  Decidió hacerse monje.  Ya en el monasterio, no deja de dibujar y escribir.  Y Jesucristo, el Amado, le invita a subir un nivel más en el ‘juego de dar la vida’: le ofrece una enfermedad muy fuerte, en la que se ofrecería a sí mismo cada día.  Y así, en medio de penosos sufrimientos que le obligan a salir varias veces de su querido monasterio, escribe sus mejores páginas y entona sus mejores alabanzas.  Él amó a Jesucristo en medio del ‘Abandono de Dios’.  Hoy la Iglesia le venera como San Rafael Arnáiz, el artista.

Nació en Italia. Se tomó muy en serio las enseñanzas del Maestro.  Le tenía una inmensa confianza, le veía y conversaba con Él y con la Reina y Madre.  Siendo jovencito, se hizo fraile capuchino.  Y poco a poco, con generosidad y en oración, fue subiendo en los niveles del ‘juego’ de dar la vida.  Y se jugó por entero.  Aprendió a luchar contra el Maligno.  Aquel que nos amó le regaló sus más preciadas insignias: sus propias llagas.  Él conoció muchos secretos del Corazón de Jesucristo, leyó en Su libro, fue traspasado por Su amor.  Y de pronto, este excelente guerrero de Dios podía ver lo que otros no veían y saber lo que otros habrían querido averiguar.  Muchos le buscaban para escuchar sus consejos, para que les otorgue la bendición de Dios, para reencontrar la Gracia de Dios.  Él vivió y murió apasionado por Jesucristo, llevó sus llagas, vivió de Su Amor, se hizo cirineo para muchos y su luz fue grande.  Hoy la Iglesia le venera como San Pío de Pietrelcina, el apasionado.

Es un servicio de comunicación promovido por la Comunidad RPS. Editamos y difundimos vídeos

Contactos

© 2025 MCdigitalweb

Comunidad Monástica de los Siervos de la Reina de la Paz